Cucarachas Trepadoras (Por
Leomas):
Con dificultad intelectual y problemas en su locomoción,
las feas y horribles animalitas, lograron ingresar a una escuelita primaria, en
donde aprendieron a leer y escribir, con algo de geografía y matemáticas
básicas. Con ayuda de expertos cucarachos provenientes de los verdosos
cafetales vulcanizados lograron llegar a otros niveles, sus crías organizaron
bandas de músicos y orquestas baratas, que las hicieron aparecer famosas en
ciudades planas y movieron su débil esqueleto, compitiendo con abejorros de la
montaña y de la misma sabana. En masa se matricularon en colegios de
bachillerato y escalaron la nefasta cuesta de los cucarrones de los tubérculos
como plaga que desgasta.
Una a una se fue perfilando candidata universitaria como en
subasta y al cabo de 5 años consecutivos, recibieron diplomas, estandartes y
cartones, que fueron colocados en las paredes de sus cavernas y en vallas
publicitarias de sus cuevas o cerca de las montañas que explotaban elaboradas
por ratas que habían llegado de las ciénagas cercanas y que se habían escapado
de las cárceles vetustas de los grillos de monte alto como en la feria que
nunca fue encantada. Las débiles, se hicieron famosas y movieron su cadera cerca
de las cuevas de moscos, recién llegados de la fosa de los cuervos y lograron
conquistar a los asquerosos especímenes con ojos de monstruos de las oscuras
profundidades y con esos nacieron nuevas razas destruyendo de paso el escaso
coeficiente que siempre les estorbaba.
La mezcla de otro cruce de otras especies animalescas
cucarachadas, produjo como milagro una nueva raza de cucarachas alborotadas,
que las llevó a debutar en cantinas nacionales con coronas reales como en
palacios, algunas fueron recibidas en otras plazas, en donde se confeccionaban
con siliconas artificiales como remiendo, los excesos de patas y jetas
inventadas. Se dejaron llevar a otros sitios internacionales para tratar con las
blancas abejorras que lucían prendas exclusivas de hadas secuestradas de la
selva encantada que ellas se imaginaban porque su procedencia aún estaba sin
distancia.
Los grillos habían elaborado cosméticos y cremas, para
maquillar sus cueros, senos y caras. Ellas aprovecharon el estudio de la
química y se protegieron con ácidos camaleónicos, que las hicieron brillar,
escondiendo sus patas, mañas y alas. Quedando muy parecidas a otras especies,
que habían nacido en otras planicies, entre cambuches y chozas dentro de la
jungla clasificada. Era un circo barato que las carretas llevan con adornos que
nunca lucen porque se esconden en la retirada.
Los primeros cucarachos fueron sus huevos paridos en
calles, avenidas y antros de cemento, que se habían construido lustros atrás
entre pobreza, miseria, hambre y debajo de puentes vetustos de madera, que
dejaron otros cucarachos invasores de territorios en donde el robo y el sicariato
era el pan de cada día en las jornadas. Las nuevas cucarachas crías llegaron
con cadera pequeña y algo de derrier, como para mostrar encantos y siluetas
recortadas. Sus críos también se miraron en espejos del contaminado rio y se
dieron cuenta que sus glúteos eran algo parecidos a sus paisanas y que podían
negociar, conquistando a los abejorros que en manada llegaban como turistas en
busca de amadas cucarachas y amados cucarachos, entre romances y machucantes
por nada. Hubo caída de pantalones en los atardeceres y calzones en la
madrugada.
Aparecieron rectangulares papeles casi perfectos de color
dorado en sus esquinas y algo diamantino como si fueran de nácar o como si el
adelanto superara a esos de la mejor morada. La escuela se convirtió en
fábricas clandestinas de falsificaciones de documentos y los periódicos de los
grillos, regaron la noticia, que los clonados habían logrado superar el talento
de los tramposos grillos que con sus hierros a todos los inteligentes imitaban.
Entre rejas y alcantarillas, hicieron maquinas reproductoras de plásticos
modernos, que volaron a otras naciones como si los científicos abejorros se
hubieran detenido en el ocaso de la calzada, pero no hubo intelecto en la
cucarachada.
Las autopistas alcalinas de los buitres se llenaron de
papeles rectangulares verdes y con esos compraron suntuosos vehículos y allí
las feas se transportaban como si fueran las reinas de la nada. Salían de la
selva grisácea de los monos imperiales a las cuevas de esas que poco a poco
fueron conociendo el mármol y las lociones no putrefactas sin aroma algo flacas.
Los reinados, fiestas, corridas y carnavales, al lado de matanzas en grupo lubricadas,
llenaron las reuniones, las pandillas cucarachadas tenían sexo en todos los
rincones sin colchones ni sábanas almidonadas, aumentando la población cucarachada
y convirtiendo las estepas en pistas nocturnas y desenfrenos de calzones y
pantalones y ayudando a los ratones de la montaña encantada.
Los cucarachos inflaron sus alas con químicos provenientes
de Rusia y de la China esmaltada, todas quisieron volar más alto que los
abejorros marrones, que estaban gobernando los negocios desde otros pastizales
en donde el grano de café aun no valía nada. Las armas y fusiles arribaron del
norte, las ametralladoras llegaron recortadas a los salones de los grillos y la
bala no pudo ser negociada porque el grillo mayor no acepto ceder el terreno
que había invadido sin chicha ni limonada. Grupos de cucarachos y grillos provenientes
de Europa se disputaron los ilícitos incluyendo a las garrapatas y todos
querían agarrar la mejor tajada, porque el presidente del pueblo tenía las
mejores tierras que también habían sido robadas. Todos en revuelta morían en fosas
comunes, restaurantes, hoteles y hasta en moteles amancebados como novilladas.
Los cuerpos aparecían como si la fiesta estuviera también enlutada. Hubo guerra
sin cuartel en campo abierto y los genes inyectados enloquecieron a cucarachos
y cucarachas idiotizadas.
Desde varias esquinas las balas se cruzaban como casinos y
al lado de los picaros, morían otros que no eran cucarachadas sin sazón ni
cebada. El fuego de los perversos aumentó la tragedia y las casas y edificios
de los necios cucarrones, fueron devorados por llamas doradas invitando a
jueces y abogados que no hacían nada y a la misma policía que siempre estuvo de
retirada. Los hospitales de los mariapalitos no alcanzaron con sus gazas
solucionar las heridas y en grupo los nuevos animalitos que estuvieron en la
jugada desaparecían como tormenta olvidada y en ceniza allí los encontraban.
Los zánganos cucarachos habían aprendido a fabricar bombas y armas sofisticadas
y sus jefes usaron motosierras que sus cuerpos descuartizaban y los ríos se
mezclaban de sangre como si aumentaran los grillos por toneladas. Las turbas
cucarachadas empezaron a usar polvo blanco que como mulas del monte ellas
mismas transportaban y murieron muchas y muchos, que estaban en contra de las
clonadas y que se creían de mejor familia porque provenían de ciudades
amuralladas. Como mercancía barata o jugo de tierra colada hubo cadáveres en
descomposición, pero nadie vio nada. Alcanzaron a desaparecer los lideres entre
las mismas cucarachas y sobre entre carreteras infectadas hubo ráfagas como
vientos que los cucarachos adolescentes disparaban.
El orgullo y vanidad de las hembras cucarachadas, las hizo
renovar sus ladrillos como nalgas almidonadas y se implantaron nuevos senos inflados
como tetas que los plátanos que por ese entonces también bajaban. Allí llegaron
los murciélagos para devorar los virus y engendros que se instalaron en las
comarcas, otros estaban apostados como finos remedios que no se encuentran ni
en las farmacias, pero había padrinos que aparecían cuando una nueva cucaracha
llegaba. No hubo lugar ni fosa para los muertos que por allí se regaban y en
grupo de 100 en 100 se metían los huecos comunes bajo tierra que nunca fue
encantada, quedando la desolación en las pobres cucarachadas que nunca habían
poseído nada y el alto gobierno les expropio las edificaciones y cuantas
bancarias y si quedaron sin falda. Los descendientes cucarachitos que caminaban
como patos se volvieron novias alborotadas e inmigraron al Mediterráneo para
disimular que provenían de las cucarachas, escondieron sus apetitos en los
rincones, metiendo sus gustos y patas entre armarios construidos con musgos de
España y sin ninguna risotada.
Las cocinas cucarachadas, dejaron de oír los chismes y las calumnias
que las urbes fabricaban, en donde de todo el mundo se rajaba y criticaba, pero
nadie servía de testigo porque todos solo escuchaban los cuentos cuando el
dinero resaltaba y este los convertía en silenciosos aun como a los toros de
casta que también en las noches se transformaban. Era costumbre no sostener
nada para evitar que los de la montaña a todos asesinaran o que las ráfagas de
las ametralladoras allí los fumigara. Empezaron a tomar conciencia que no se
puede llegar lejos cuando la naturaleza es baja y sobre todo cuando no se
piensa en cada peligro cuando de crimen se trata. Los mansos abejorros
amarillos, guardaron sus espermas y no dejaron que sus semillas fueran
clonadas. No volvieron nunca más a nacer las cucarachas mixtas amaneradas. La
tierra y naturaleza les clavo una gran jugada y todas se escondieron como
armadillos en manada. Todas salieron huyendo de la planicie encantada que ellas
creían que de allí era la mejor mermelada.
Con cajas y bultos de desperdicios, atravesaron la jornada
y salieron corriendo sin guardaespaldas ni nada. Llegaron a Cuatro Esquinas y
descansaron de sus huevos como pena enajenada y las golondrinas allí también
las cagaban. Trajeron con ellas rollos y costales que se les notaba y siguieron
creyendo que eran muy inocentes y que la ley les había jugado una mala pasada.
Aun no se limpiaron la vanidad y seguían bailando como si nada pasara y tenían
el descaro y cinismo de afirmar que ellas no sabían nada, y que seguramente la
prensa amarilla no las quería porque tenían cintura pequeña, tetas postizas y
culos de avispas azadas.
Los ancianos cucarachos vivos y las cucarachas viejas arrugadas
se las ingeniaron para buscar ayuda de otro grupo de cucarachas que desde el
volcán bajaban escondidas en los troncos y leña que los campesinos
transportaban, tuvieron que acudir a los científicos abejorros morados
borrachos que habían arribado al lugar del nororiente lejano y que tomaban
licor y fumando un tabaco que también emborrachaba. Esas empeñaron sus pocas
alhajas de oro y plata para costear los servicios de la investigación genética
de la nueva raza cucarachada y los médicos cucarachos se ponían batas blancas
para aparentar ser de una mejor chocolatada. Uno de los estudiosos morados
logró dar con el chiste y recomendó sacar los genes clonados de los animalitos cucarachos
y dejarlas como eran antes de la fiesta y del orgullo y retiro la almidonada. También
había hecho su agosto por las calles carnavaladas con otras batas de lujo que
bajaban de la hacienda dorada.
La ciencia de los morados abejorros les preparó una pócima
que debían tomar en proporciones iguales las unas y los unos sin preparar cementadas, para regresar a su pasado rastrero de
cuevas y cavernas estiercoladas. La disciplina y simplicidad acompañó cada
bebida alcoholizada entre llantos y sonrojos. A medida que la tomaban iban
cambiando el color en sus ojos, el cascaron y las patas. Dejaron de volar alto,
perdieron el gusto y olfato por las cosas exquisitas de ciudades y junglas
ensortijadas en donde no las aceptaban. Jamás volvieron a caminar y borraron de
sus lentas mentes, las pasarelas, reinadados, fiestonadas, carnavaladas,
comilonadas, festonadass, arrabaladas, corronchadas y francacheladas.
Los otros animalitos algo involucionados, las vieron
marchar en grupo y en caravanas no almidonadas, como quien sale huyendo por el
disparo de las metrallas de los grillos apestosos clonados de la citanada. La
pócima les hizo cambiar de silueta y quedaron tan flacas que nadie las admiraba
y tuvieron que esconderse para lograr remendar el tiempo y sus crías que no
eran engalardonadas. Nuevamente entre gris y negro sus escasas alas oscuras,
lucían como naturales sin jabones de nácar o perfumes sin gracia y así se
quedaron almacenadas.
Grabaron para su futuro que tampoco sería eterno, la frase
que las hizo diferentes ahora entre multitudes diversas y con una pequeña gracia
que por el efecto del prisma con luces multicolores que este deja que pasen y
desde allí deja que pasen aquellas tempestades que sin exageraciones ni
suntuosidades el mundo sabio aun no alcanza. Dijeron al unísono como perezoso
sin lanza, es mejor ser una cucaracha verdadera desdichada para no tener que
imitar a las águilas en su vuelo y agilidad o tratar de caminar con la
elegancia de leones, tigres y sin querer serlo nunca, porque si creemos en la
vanidad nos vuelven a despreciar en la plaza y nos pueden tildar como enanas panteras
que no logran estar nunca perfumadas.
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