No es la carne de cerdo (Por
Leomas):
No es fácil para quienes
escriben enviar mensajes a esos o esas que no han visto en la vida, pero tienen
la seguridad que existe en un punto de la tierra y/o dentro del infinito de la
galaxia cuando se atreven a redactarla. Todos nos mostramos al mundo de los
mortales terrícolas como individuo de servicio. Como lo suponemos no somos
nadie para saber quién es verdadero y quien no es real dentro del planeta de la
sencillez. Ninguno de nosotros ha visto la luz sobre la sombra sin embargo
todos queremos alumbrar aun desconociendo la profundidad de la oscuridad.
Creemos que existe el universo sin haber coexistido fuera. Nos imaginamos volar
al infinito sin amigos y confiados en verdades que a veces se hacen amargas al
comprobar la mentira que ellas encierran. Los hombres (varones y mujeres),
estamos solos en el mundo y no hemos materializado la justicia. No tenemos con
quien compartir la senda del amor.
Todos estamos equivocados. Unos
echan más leña en el fuego del desorden que otros. Sabemos que no somos la
excepción. Nunca afirmamos tener la verdad total por miedo a conocerla. Nuestro
corazón no ha dado muestras de pertenencia. El rostro de la fraternidad y
solidaridad se evaporó antes de llegar su sombra a la tierra. Lo que hay es
complejo de superioridad en el manejo de lo desconocido. Por eso quienes
predican y no aplican están aún más lejos y viven con más profundidad dentro de
la caverna. Todos estamos peores a esos hipócritas del cuento chino que
embrutece aun al más listo.
Al pasar por el pedazo de cielo
de nuestro nacimiento y recorrido hemos comido carne de cerdo. El puerco tiene más
valor dentro de la alimentación y presta mejor servicio a la razón y se hace
compañía antes de ir al matadero. El chancho resultó de mejor inteligencia que
los amigos. Fueron mejores mil veces contertulios durante nuestra vida y
nuestro paladar saboreo de diferentes maneras la comida marranera. En algunos
lugares del globo la carne de cerdo llena los estómagos de fuerza y energía sin
alterar el metabolismo evolutivo de la razón. Sabemos que son muchos los
terrícolas que se prohíben comer la delicia de su carne. Quienes se creen
médicos por ir a las universidades afirman que no es la carne de cerdo la que
enferma la salud sino aquellos alimentos que ingerimos cada día y que fueron ya
preparados días atrás de consumirlos. Seriamos mejores inteligentes si se prohíbe
el consumo de cerdo o el arte de matar la vida con licencia de los gobiernos.
Los cerdos no pudieron lesionar
nuestro cuerpo y uno que otro llenó de fantasías nuestra sentida imaginación.
Algunos creyeron que recibían inteligencia y sabiduría del marrano y murieron
sin descubrir su origen. Los mismos cerditos quitaron el hambre a los humanos
que iban a la guerra. El cerdo no es la comida preferida de ciertos paladares.
Esos en escasez se contradicen y afirman que no les afecta. Hay otras carnes
entre las preferidas como la de ternera, conejo, camuro, cabra, y gallina
criolla sin mencionar hoy aquellas que nos ofrecen la variedad de los peces y las
aves y otras que por debajo de la mesa se consume sin licencia. La primera vez
que entendemos su sabor creemos que antes no habíamos disfrutado comida alguna.
Somos tan variables que el plato del día nos hace cambiar de parecer.
No es la carne el mejor alimento,
pero esa retira el hambre sea que provenga de cualquier animal. Los verdaderos
vegetarianos pasan primero saboreando de carne en carne y de cuerpo en cuerpo.
Los otros que se han hecho llamar científicos dicen que el hombre puede comer
de todo sin temor a enfermarse. Al parecer esos sostienen el mismo cuento que
ya se había escrito desde antes de invadir la tierra: ”No es lo que entra por
la boca lo que contamina sino lo que sale de ella junto con su jetabulario”.
Algunos mortales terrícolas
creen que pueden jugar al sexo con varones y mujeres. De hecho, hemos visto a
varios que, aunque se casan con una mujer siempre buscan la compañía de un
varón para sus fantasías sexuales. Otros usan a quienes hemos llamado animales
para sus desviadas fantasías. Han nombrado como defensores a los psicólogos que
también se han cosechado para pervertir las comidas y la sana alimentación.
Cuando hablamos de la carne de cerdo no sólo nos referimos a la comida que
ingerimos sino a la fantasía que esclaviza la ternura. No se puede afirmar que
tenemos preferencia por la carne de cerdo y/o al mismo tiempo decir que en la
misma frecuencia afirmar que la preferencia es por la carne res o de ternero.
Si medimos la frecuencia de
nuestra preferencia los otros sabios encontrarán la fórmula para explicar que
tenemos preferencia por la carne criolla. En los países en donde no abundan las
gallinas criollas los hombres consumen carne de murciélago, ratón, gato, perro
y cucarrones negros y marrones. Para evitar el desprecio por la misma sostienen
que allí son esos hermosos animalitos son herbívoros. Todas las gallinas,
gallos y pollos modernos de engorde de las grandes ciudades son en serie y de
incubadora con células químicas que cambian el mejor paladar. No es sencillo
conseguir una gallina criolla en las capitales de las naciones ni un gallo para
pisar las nuevas crías. En México se dificulta encontrar en la ciudad capital
una de esas criollas y todas dicen ser capitalinas y que ninguna hierba rural
han consumido.
En la Franja de Gaza vimos como
un gallo quiquiriquí canto en medio de la masacre que ocasionó Israel sobre los
mortales humanos de Palestina, un perro ladró cuando escucho el bombardeo sobre
los edificios de los civiles indefensos y desarmados. No sabemos que carne
consumen los gobernantes de aquellas naciones que gustan de guerra, destrucción
y muerte, aunque algunos exclaman no comer carne de cerdo. Los periodistas
deberían preguntar a aquellos que disparan sus rifles, morteros y proyectiles:
¿Qué consumen sus estómagos que los hace inmunes para asesinar la vida y para
destruir la naturaleza sin medir las consecuencias con los daños colaterales?
La calumnia no está en la boca
de los cerdos y jamás mienten o traicionan y nunca conocen la envidia o el egoísmo.
El calumniador no hace parte de la familia de los puercos y no llevan su sangre
porque el marrano tiene más pura su genética. La decencia de los cerdos nos ha
transmitido honradez y pulcritud hasta en el brillo de sus ojos y carne.
Deberíamos elegir de presidente en el futuro a un cerdo mayor que haya pasado
por la zona rural y que haya caminado por las calles citadinas.
El cerdo no estaría en
condiciones de traficar con lo ilícito y la razón de todos se fortalecería al
lado de la verdad. Los nutricionistas recomiendan consumir la carne de cerdo
pero que no sea de lechoncito y/o lechoncita para evitar la pedofilia y la
pederastia. Hay un grupo de estos mismos pervertidos que recomiendan alejarnos
de los cerditos y evitar su consumo, pero aun así siguen equivocados.
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